Las Organizaciones como un lugar de encuentro 

Todos hemos experimentado en algún momento el hecho de encontrarnos con personas cuya presencia en nuestras vidas nos lleva a cambiar radicalmente. 

Seguramente también, hemos compartido momentos con otros con otros hombres y mujeres con los que tenemos la sensación de que compartimos un destino común. Esto se da en relaciones intensas, como amistades, parejas, o, incluso, con compañeros de trabajo.

En el ámbito profesional

A lo largo de nuestra trayectoria profesional podemos encontrarnos con innumerables compañeros con los que estableceremos relaciones de diferentes tipos. Muchas de estos encuentros pueden marcarnos hasta el punto de modificar nuestra biografía, no siendo, necesariamente siempre encuentros que nos parezcan en un primer momento agradables. Por ejemplo un disgusto de un jefe o una aparente injusticia de este puede hacernos tener que abandonar una carrera profesional o, al menos cambiarla.

También pueden existir percepciones de encuentros que parecen unirnos a personas con las que parecería que compartimos un mismo destino. Llama la atención que para esto no se requiera una vinculación afectiva particular, sino, simplemente, un entendimiento especial, una absoluta concordancia en la misión y un muy singular encuentro en aquello profundo que uno quiere llevar a cabo como cumplimiento de la más profunda vocación interna.                     

Cuando se hace un análisis de este tipo de encuentros que existen a nivel profesional en relación a la edad de la persona que los experimenta, se puede observar que en la primera mitad de la vida de la vida, hasta aproximadamente los cuarenta años, estos encuentros son generalmente de aprendizaje. Es como si aprendiera lo que el mundo tiene que decirle.

Luego, en la segunda parte de la vida, alcanzada ya la quinta década de vida parecería que la persona a través de los encuentros en su vida desarrolla proyectos como devolviéndole al mundo aquello que este le dió.

La historia hasta el encuentro

Todo encuentro posee una historia que precede y otra que se desarrollará a partir de ese acontecimiento.

Antes de que dos o más personas se perciban mutuamente, mediante sus sentidos, han debido ocurrir una serie de hechos que lo hayan hecho posible. La mayor parte de la gente atribuye esto al más puro azar.

Sin embargo, cuando se acaba estableciendo una relación significativa, o, si a partir de ese momento se cambia la biografía de las personas, puede resultar interesante observar cuáles fueron los hechos que les condujeron a ambos hasta ese encuentro. Muchas de los que realizan esa retrospectiva se sorprenden al poner de manifiesto que pareciera que hubiera un camino perfectamente trazado en los acontecimientos vitales que han desembocado en ese encuentro. Algo que parece trascender la simple casualidad.

El encuentro en sí  

Algunos encuentros dejan la sensación en el ánimo de que no es la primera vez que uno se topa con ese otro. Como si se conociese uno de una manera mucho más profunda de lo que el breve espacio de tiempo que llevan juntos pudiera permitir.

Cuando dos personas se acompañan en la vida, en el caso de este artículo, cuando se encuentran como compañeros de trabajo si la experiencia es profunda puede llegar a quedar grabada en el alma.

 Un acercamiento profundo consta de las siguientes partes

  1. Conocimiento externo

Esta primera fase no consiste más que en el acercamiento voluntario o involuntario hacia la otra persona. 

Se puede despertar un interés motivado por una simpatía o una aversión derivada de sentir antipatía. Sea cual sea, la primera reacción puede resultar interesante prestarle atención para poder tratar de averiguar qué es lo que este sentimiento primario dice del otro, pero, sobre todo, para intentar averiguar qué es lo que me está revelando de mi.

  1. Adquisición de una visión más profunda de la otra persona

Si se trata de trascender la primera reacción antes comentada se puede intentar desvelar lo profundo que trae el otro con el que nos hemos topado. Es lograr que nuestros respectivos Yos se encuentren de una manera auténtica.

  1. Reconocimiento de los aprendizajes que trae el otro para mi

Todo ser humano, por insignificante que nos pueda parecer en un principio, tiene algo que enseñarnos siempre. El querer aprenderlo o el preferir ignorarlo dependerá únicamente de  nuestra capacidad para aprender. Uno de las claves puede ser la de abrirse a los nuevos pensamientos del otro sin tener porqué juzgar si son correctos o no desde el primer instante, sino dejarlos vivir un tiempo en mi para poder expandir el pensamiento de mi alma lo máximo posible.

  1. Apertura a las nuevas fuerzas

Tras ese encuentro la pregunta que nos podemos hacer es la de qué quiero o elijo cambiar en mi vida tras este aprendizaje.

Tras el encuentro 

Lo que haga cada uno del encuentro dependerá de la libertad de cada uno. 

Una buena metáfora de los encuentros es la de un regalo que se nos hace, el cómo aprovechemos nosotros ese presente dependerá solo de cada uno. Muchos de estos vienen ya envueltos que ni siquiera hacemos un esfuerzo por desenvolverlos. Desde aquí planteamos la invitación de poder prestar atención y de ser conscientes de la cantidad de veces que nos llegan estos obsequios.

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